Muchos de nosotros tenemos mascotas y los que tienen perros saben lo fácil que es tenerles tanto cariño que permitimos que nos acompañen en nuestras camas y hasta dejamos que laman nuestro rostro. Pero la realidad es que los humanos también somos susceptibles a adquirir parásitos caninos.

Y no sólo los dueños de los perros, también las personas que se vean expuestas a la materia fecal “olvidada” en plazas, veredas y parques. “Si los perros tienen parásitos, los eliminan con la materia fecal y esa deposición se convierte en un posible foco de transmisión de enfermedades parasitarias. El contagio se efectúa por vía oral, tanto para los perros (parasitosis) como para los humanos (zoonosis)”, asegura Diego Bobba, veterinario.

“Los perros contraen los parásitos lamiendo el pasto o materia fecal de sus pares. Y las personas, principalmente los niños, al tocar cosas infectadas , meterse la mano en la boca o ingerir alimentos con las manos sucias”, explica.

Por su parte, Carina Imoberdorf, veterinaria y profesora adjunta de la cátedra de Epidemiología, Salud Pública y Programación de Zoonosis de la carrera de Veterinaria de la Universidad Nacional de Tucumán, detalla: “para evitar contagios, los dueños y los paseadores de perros deben controlarlos muy de cerca cuando salen. Tienen que practicar la tenencia responsable y sacarlos con correa, para que no paseen por todos los rincones olfateando las heces de otros caninos. Se considera que un perro desparasitado y cuidado no posee parásitos, pero puede contagiarse”.

Parasitosis y zoonosis

“Los perros tienen un parásito que se llama Toxocara cannis, que tiene la particularidad de habitar en el intestino de los cachorros y en todos los tejidos de los perros grandes. Los huevos de estos parásitos se eliminan por medio de la materia fecal y son microscópicos, por eso cuesta que se tome conciencia de que es una problemática de salud pública”, describe María Beatriz Puchulu, profesora de la cátedra de Parasitología de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Tucumán.

Aunque la especialista explica que los huevos, recién eliminados al medioambiente, no son peligrosos porque son infértiles, advierte que para que se conviertan en infectantes «necesitan caer en tierra o arena, y vivir en ellas un par de semanas. Este tiempo -continúa- permite que ese huevo se transforme en un huevo larvado”. Y si esta ingresa al cuerpo humano -advierte- la larva empieza a migrar.

“La larva (Larva migrans visceral) se encuentra en un organismo diferente de su huésped natural (perro) y migra buscando dónde alojarse, invadiendo nuestros tejidos y órganos”, especifica Puchulu. “Cuando lo elige, nuestro organismo intenta bloquearlo y forma un granuloma (inflamación de tejido)”, indica.

Los síntomas de la zoonosis dependen del número de larvas y de su localización. Puede haber inflamación del hígado o casos asintomáticos que sólo se diagnostican mediante análisis de sangre. “Pero hay larvas que pueden generar daños más graves”, advierte. “Las que se ubican en el sistema nervioso y se localizan en el ojo (Larva migrans ocular) ocasionan síntomas de aparición brusca que pueden producir ceguera. Esta patología, lamentablemente, no tiene tratamiento medicamentoso eficaz”, resalta

¿Cómo evitarlo?

“Lo ideal es levantar las heces apenas hacen sus necesidades, tanto en los espacios públicos como en la propia casa”, recomienda Imoberdorf. “No tener contacto con la materia fecal y lavarse bien las manos después de recoger el excremento y de jugar con el animal, y antes de comer”, recomienda la veterinaria.

H/T – LaGaceta