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La simulación realizada por los investigadores indica que la mascarilla disminuye significativamente la distancia a la que se esparcen las partículas de saliva contaminadas.

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El uso de mascarillas y el distanciamiento social se han vuelto medidas obligatorias en ciertos entornos para prevenir la propagación del coronavirus. Ahora, mediante simulaciones por computadora, un equipo internacional de investigadores ha revelado cuán efectivos son los cubrebocas para evitar esparcir partículas contaminadas, incluso cuando simplemente respiramos.

El nuevo estudio, publicado en la revista Physics of Fluids, se basó en un modelo que difiere de trabajos anteriores centrados en la propagación de las gotas en el aire al toser o estornudar. Especialistas de la Universidad de Stony Brook, Harvard, ETH Zurich y la Universidad de Hanyang simularon respiraciones normales, que producen chorros periódicos de gotas, a velocidades de menos de la décima parte que cuando son impulsadas por la tos o el estornudo.

Los resultados demostraron que sin mascarilla las gotas pueden viajar hasta 2,2 metros a través del aire en cuestión de 90 segundos. Mientras que, usando mascarilla, esa distancia fue solo de 0,72 metros, muy por debajo del espacio de distanciamiento social sugerido para evitar contagios.

El equipo concluyó que incluso la respiración normal produce un campo complejo de acción que puede esparcir las partículas a largas distancias, por lo que una mascarilla disipa la energía cinética del chorro producido por una exhalación, limitando el movimiento de las gotas cargadas de virus.

«Nuestros resultados muestran que la respiración normal sin una máscara facial genera chorros de arrastre periódicos y anillos de vórtice circulares principales que se propagan hacia adelante e interactúan con las estructuras de flujo vortical producidas en ciclos de respiración previos», precisó el autor Ali Khosronejad.

Debido a que el uso de una mascarilla redirige parcialmente el aliento exhalado hacia abajo, el riesgo de que las gotas en suspensión permanezcan en el aire se reduce sustancialmente, explicaron los expertos.

Los autores esperan que su trabajo aliente a las personas a mantener el distanciamiento social y el uso de cubrebocas, y afirman que en próximos modelos planean añadir más variables para obtener conclusiones de mayor precisión.

H/T – Actualidad