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A 2 kilómetros de profundidad bajo los volcanes reposan yacimientos de una solución caliente y concentrada, rica en cobre, oro y otros metales valiosos.

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Cada año aumentan las necesidades de la humanidad en metales raros y no ferrosos. También aumentan los precios de esos materiales, ya que las células solares, las turbinas eólicas y los sistemas de almacenamiento de energía requieren más metales como el cobre, el oro, el zinc, la plata y el litio. Al mismo tiempo la extracción de estos metales requiere mucha energía y genera enormes cantidades de dióxido de carbono.

Para reducir este daño y facilitar la extracción de cobre y otros metales, científicos de Oxford han sugerido recurrir a los volcanes que contienen estos materiales en forma líquida y, a la vez, obtener de allí energía geotérmica verde, reza un comunicado de esta universidad británica.

Muchos de los depósitos de metales que se utilizan actualmente son los restos de una antigua actividad volcánica que se solidificó hace mucho tiempo. Durante la erupción, los volcanes expulsan a la superficie una solución concentrada caliente que contiene cobre, zinc, litio, plata y oro.

Algunos metales eventualmente se liberan a la atmósfera, pero algunos permanecen en el suelo, se enfrían con el tiempo y forman depósitos.

«Parte de estos metales no llega a la superficie, sino que queda atrapada como líquido en rocas calientes a unos 2 kilómetros de profundidad», sostiene Jon Blundy, uno de los autores del estudio publicado en la revista Open Science.

«La minería verde representa una forma novedosa de extraer tanto los fluidos que contienen metales como energía geotérmica, de una manera que reduce drásticamente el impacto ambiental de la minería convencional», apostilló.

Los geólogos de Oxford sostienen que estas soluciones ricas en metales persisten en rocas porosas debajo de volcanes activos en Italia, Japón, México, Indonesia y las Antillas. Según su conclusión, casi todos los volcanes activos del mundo podrían contener tales depósitos, por lo que constituyen una verdadera mina de oro, a veces en el sentido literal de la palabra.

Sin embargo, la solución propuesta presenta riesgos tecnológicos, ya que el proceso de extracción supone perforar rocas a 2 km de profundidad y a temperaturas de más de 450 °C. Además, los fluidos extraídos son corrosivos, lo que limita los tipos de materiales que pueden utilizarse en la perforación.

Por si eso fuera poco, los fluidos extraídos tienden a depositar los sedimentos de metales en el pozo (un proceso conocido como ‘incrustación’), de la misma manera que los sedimentos se acumulan en una tubería.

«La prevención de la formación de incrustaciones requerirá un pensamiento complejo sobre la dinámica del flujo de fluido y el control de presión-temperatura en el pozo. La prevención de la corrosión del pozo requerirá avances en la ciencia de los materiales para crear recubrimientos resistivos», sostiene el comunicado.

De momento, el profesor Blundy propone identificar el mejor volcán para poner a prueba la idea de perforar un pozo para extraer metales.

Según los científicos, la exploración real de los recursos volcánicos podría comenzar dentro de 5-15 años.

H/T – Actualidad